En esta ocasión, vengo a hablarles de algo muy personal y puntual: la magia de mis abuelos. Nací en un pequeño núcleo familiar de 4 personas: mis abuelos paternos y mis padres, vine a su vida a ser el buen quinto.
Desde que tengo uso de razón, en nuestra casa se daban las mejores fiestas (antes claro, cuando la plata era suficiente); me crié rodeada de adultos y mezclándome en sus eventos ¿Saben qué es lo que más me gustaba observar de todo aquel mundo? Ver a mis abuelos volar.
Es decir, en cada celebración, tenía que sonar alguna canción del género pasodoble (específicamente, "El cariño verdadero", porque era la favorita de mis abuelos) y ellos salían a la pista. A todos los presentes les gustaba mirarlos, disfrutaban hacerlo, así que si alguien más estaba bailando, comiendo o hablando dejaban lo que estaban haciendo y despejaban toda la pista para aplaudir y concentrarse en el espectáculo que daba la pareja favorita...
Quisieras o no, te quedabas embobado viéndolos bailar, lo hacían tan bien. Ella parecía tan liviana entre sus brazos y él parecía poderoso, como si tuviera al mundo en sus manos. Se desplazaban a lo largo y ancho de toda la pista, dando vueltas, de un lado al otro, al ritmo del cariño verdadero, sus pies iban al unísono... Era como si hubieran nacido para eso.
A mitad de canción (casi siempre) los demás querían mezclarse, así que entraban un hombre y una mujer a bailar con ellos, cambiaban de parejas y no bailaban mal pero, indudablemente, se veía la diferencia: con otros bailaban estupendo, pero entre ellos volaban. Yo siempre me sentaba desde un lugar donde tuviera acceso visual a toda la pista, me gustaba observarlos bailar, me gustaba contagiarme de esa vibra, disfrutaba hacerlo y sólo podía pensar: ¡Yo quiero volar como lo hacen mis abuelos!
Desconozco si esa magia se logra porque exista amor entre ambas personas, por la práctica de los años bailando o, sencillamente, porque a ambos se les daba muy bien. Sin embargo, descarto las dos últimas, pues si fuera por práctica o buen manejo del género, bailarían así con los demás, pero esa magia, esa magia solo existe en ellos dos. No sé si eso sea una manifestación o síntoma del amor, pero si lo es, me muero por encontrar a alguien con quien pueda volar como lo hacían mis abuelos...
Nota 1 : ¡Menos mal eran tiempos en que ya se habían inventado las filmadoras! Gracias a ello, aún puedo disfrutar de esos momentos, aunque uno de mis abuelos no esté, y también puedo compartirles un poco de cómo volaban mis abuelos...
Nota 2: Esta entrada va dedicada a mis abuelos, especialmente, a mi abuela, que aunque ya no se encuentre físicamente con nosotros siempre, siempre va en nuestros corazones. Mi ángel, te amo y extraño. ¡Gracias a mis abuelos por haberme permitido ser testigo de una de las magias más lindas, por dejarme verlos volar!
Desde que tengo uso de razón, en nuestra casa se daban las mejores fiestas (antes claro, cuando la plata era suficiente); me crié rodeada de adultos y mezclándome en sus eventos ¿Saben qué es lo que más me gustaba observar de todo aquel mundo? Ver a mis abuelos volar.
Es decir, en cada celebración, tenía que sonar alguna canción del género pasodoble (específicamente, "El cariño verdadero", porque era la favorita de mis abuelos) y ellos salían a la pista. A todos los presentes les gustaba mirarlos, disfrutaban hacerlo, así que si alguien más estaba bailando, comiendo o hablando dejaban lo que estaban haciendo y despejaban toda la pista para aplaudir y concentrarse en el espectáculo que daba la pareja favorita...
Quisieras o no, te quedabas embobado viéndolos bailar, lo hacían tan bien. Ella parecía tan liviana entre sus brazos y él parecía poderoso, como si tuviera al mundo en sus manos. Se desplazaban a lo largo y ancho de toda la pista, dando vueltas, de un lado al otro, al ritmo del cariño verdadero, sus pies iban al unísono... Era como si hubieran nacido para eso.
A mitad de canción (casi siempre) los demás querían mezclarse, así que entraban un hombre y una mujer a bailar con ellos, cambiaban de parejas y no bailaban mal pero, indudablemente, se veía la diferencia: con otros bailaban estupendo, pero entre ellos volaban. Yo siempre me sentaba desde un lugar donde tuviera acceso visual a toda la pista, me gustaba observarlos bailar, me gustaba contagiarme de esa vibra, disfrutaba hacerlo y sólo podía pensar: ¡Yo quiero volar como lo hacen mis abuelos!
Desconozco si esa magia se logra porque exista amor entre ambas personas, por la práctica de los años bailando o, sencillamente, porque a ambos se les daba muy bien. Sin embargo, descarto las dos últimas, pues si fuera por práctica o buen manejo del género, bailarían así con los demás, pero esa magia, esa magia solo existe en ellos dos. No sé si eso sea una manifestación o síntoma del amor, pero si lo es, me muero por encontrar a alguien con quien pueda volar como lo hacían mis abuelos...
Nota 1 : ¡Menos mal eran tiempos en que ya se habían inventado las filmadoras! Gracias a ello, aún puedo disfrutar de esos momentos, aunque uno de mis abuelos no esté, y también puedo compartirles un poco de cómo volaban mis abuelos...
Nota 2: Esta entrada va dedicada a mis abuelos, especialmente, a mi abuela, que aunque ya no se encuentre físicamente con nosotros siempre, siempre va en nuestros corazones. Mi ángel, te amo y extraño. ¡Gracias a mis abuelos por haberme permitido ser testigo de una de las magias más lindas, por dejarme verlos volar!
Daarlyn Perroni 🍃









